Guiso de ternera

Ñam, ñam! Ahora que al fin empieza a hacer un poco de frío no nos conformamos con comer cualquier cosa fría, necesitamos guisitos que entonen el cuerpo, para untar pan, de aquellos que nos recuerdan el aroma de la cocina de nuestras abuelitas que, para qué negarlo, se echa tanto de menos…

Receta muy fácil que resulta espectacular.

Ingredientes:
– 1 cabeza de ajos
– 2 cebollas
– 1/2 kg de carne de ternera para guisar, venas (jarret)
– guisantes congelados
– alcachofas congeladas
– champiñones
– 2 zanahorias
– 2 patatas
– 1 hojita de laurel
– perejil

Sofreír en la olla exprés los dientes de ajo, las cebollas partidas por la mitad, la zanahoria a rodajitas, las patatas a dados rotos y la carne.
Añadir el resto de ingredientes: los guisantes, alcachofas, champiñones (si gusta), el laurel y un ramillete de perjil.
Cubrir con agua y hervir unos 25′, 2 anillas de la olla.
Y… Voilà!

Nota: no tuve tiempo ni para hacerle la foto, nos lo zampamos enseguida y eso que cunde!

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Viaje Lanzarote 8.11.2011

8.11.2011 – El preludio

Primer viaje los cuatro, se plantea, temerosos, de una forma diferente a la que estamos acostumbrados, vamos a recorrer Lanzarote sin pretensiones de verlo absolutamente todo y dormiremos en un apartahotel con piscina y animacion infantil, en regimen de media pension durante 8 dias. Simplemente diferente. He de reconocer publicamente que tengo más miedo de ir con nuestros churumbeles que cuando nos fuimos a Vietnam con solo un billete de avión y una mochila sin saber ni donde dormir… ¿Será tal vez que Hugo es muy pequeño y no me gusta atabalarlo?, o que el torbellino de Bruno no aguanta quieto ni un segundo, eso cuando no se escapa y tienes que salir corriendo a buscarlo o se tira de cabeza a un charco, por poner algun ejemplo… Deben ser las dos cosas.

Hugo tiene 4 meses y Brunettino 26. Por suerte estamos en aquel momento en el que Hugo lleva su lechecita siempre a punto en envase de mamá y Bruno es peor que yo, un glotón en toda regla, zampa lo mismo que nosotros, así que, ningún problema con las comidas.

1r dia – el avión

Estamos gratamente sorprendidos por el comportamiento de nuestras remorillas en el largo viaje hasta la isla. Primero, una buena hora de coche, a la que amablemente nos acompañó Jandro, seguido de otra hora de espera en el aereopuerto, tres y pico de confinamiento en reducido espacio, el vuelo, y por último, la espera mientras papi se las ingeniaba para montar las más simples sillitas de coche del mercado en nuestro astra de alquiler, a la que sumamos la media horita más de coche hasta destino, el hotel. Total, desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde viajando y, como conclusión, he de decir que no nos podemos quejar, Hugo mamó, durmió, jugó y descansó sin apenas rechistar, bueno, solo la incomodidad de cambiarle en el avión y Bruno no dijo demasiado aquella temida frase de “salir un poco por favor”, incluso en el avión jugó, comió y solo necesitó un par de capítulos, ufff! Para lo que es él, estuvo muy tranquilo.

Estamos todos rebentados, a las seis comida-merienda-cena, para las ocho Bruno al sobre y tras estudiar la ruta de mañana, nosotros también, zzzzzz…

Los Jameos del agua

Madrugamos, desayunamos bien prontito, recogemos el equipaje necesario para el dia, con niños ya se sabe, cuesta arrancar, cinco minutos de parque para Bruno y coche rumbo a Los Jameos del agua, un túnel producido por la erupción del volcán de la Corona en donde se formaron unos agujeros (o jameos) y el Sr. Manrique decoró para poder visitar. Al quedar las cuevas por debajo del nivel del mar se formaron dos laguitos de agua salada, en uno de ellos, en su interior habita un extraño cangrejo de apenas un centimetro, blanco y ciego, único en el mundo según comentan, como si fuera abismal. Pues bien, he de decir que no me han sorprendido las cuevas, quizás el hecho de haber dos bares dentro y ser tan artificiales supongo que me hace pensar así, y el museo geologico bastante descuidado.

Hoy el viaje en coche ha sido duro, Hugo, inquieto, lloraba y Bruno con su salir de aquí, ufff! Iban descordinados, Hugo con sueño y hambre y Bruno cansadísimo, decidimos ir al hotel a pegarnos un chapuzón y picar algo.

Por la tarde, coche hasta Órzola, precioso, visita a Las Pardelas Park donde Bruno alimenta a cabras, burritos, ovejas, caballos, conejos, le persiguen los patos y le pegan un bocado. Precioso lugar y preciosa carretera.

A la vuelta parada en una playa con rocas volcánicas y la luna casi llena de fondo, a punto de anochecer, inspirador… Lástima que Bruno se empapara los zapatos y Eloy se enfadara, un lugar para repetir.

Al fin en el hotel, cenita y ¿mañana? Eloy ha ido a dormir a Bruno y se ha quedado con él… Yo ahora, en cuanto escriba esto, zzzzzz….

El Timanfaya y Playa Famara

Amanece nublado, pero los partes auguran un día soleado, así que aprovechamos para ir al parque natural del Timanfaya, y todo eso que ya hemos visto, para ser el segundo dia no está mal!
Desayuno de reyes, huevos fritos (en plural), pancakes, donetes, mmmmmm! Y con el estómago lleno ponemos rumbo a la otra punta de la isla. No hay grandes distancias, pero los tres cuartos de hora en el coche con los peques se pueden complicar, aunque esta vez no va a ser, Hugo enseguidita se duerme y Bruno, tras unos cuantos gritos, descubre que no tiene mucho que hacer y se distrae conversando.

Por suerte son solo las diez de la mañana y no encontramos cola, además, nada más llegar, nos espera la guagua que nos llevará a visitar el parque y podemos sentarnos en primera fila, Bruno contento, Hugo come.

Espectacular paisaje lunar, es precioso leer en las rocas los recorridos de la lava, ver las diferentes formas que creó y asomar la cabeza en el cono de un volcán, me encanta, hemos disfrutado de la ruta, aunque echamos de menos no poder pisar el suelo… Es una lástima.

Después demostración del calor de la tierra, con un cubo de agua crean un géiser, numerito para el turista. Asombra pensar lo que hay debajo de nuestros piececitos.

Visita a los camellos, sin subir de momento.

Ya tarde, aprovechamos que los peques estan reventados para hacer rutilla en coche, cruzamos varios pueblecillos blancos, visitamos la caleta Caballo y paramos en la playa de la Famara donde disfrazamos a Bruno de surfista, este lugar está plagado de ellos, y pasamos un buen rato remojandonos con las olas.

Picnic con restos del desayuno mirando al mar y sus espectaculares olas, y tranquilos de vuelta al hotel…

Para cenar papas arrugas con mojo picón rojo y verde, rico, rico!

 

 

El Charco de los Clicos

Demasiado mojo picón, agcs! Con sólo escribir la palabra me entran arcadas, y es que he pasado una mala noche… Vueltas y más vueltas, mejor no entro en detalles, sólo decir que maldita mala suerte la mía, estoy empachada como hace años que no estaba, incluso tengo décimas! Ahora no puedo permitirme el lujo de descansar y dejar a Eloy solo ante el peligro. Así que nos armamos de valor, desayuno un gelocatil, cargamos los bártulos y niños en el coche y vamos rumbo al Golfo, donde esperamos encontrar el famoso lago verde o charco de los Clicos. Está muy cerquita del Timanfaya, de hecho, el lago verde se formó un una cala grande de arena negra rodeada de un escarpado precipicio volcánico, precioso.

Comprobamos como, efectivamente, es verde, cuentan las guías que se debe a unas algas, y eso que el día está nublado.

Bruno se lo pasa pipa cogiendo piedras y llenando sus bolsillos y los de su papi, parece un perro hurgando en el suelo con las dos manos.

Pero hoy está agotado, es uno de esos días “no”, esto es:
– Bruno, vamos!
– No
– Bruno, ¿quieres un plátano?
– No
– Bruno, mejor no pases por ahí, estás demasiado cerca del precipicio y te puedes caer!
– Bruno a pasar por el precipicio

Y sin poder negociar alternativas, acabamos con el niño a rastras, pero he de decir que antes nos afectaba mucho más, ahora nos lo tomamos con sentido dl humor, que le vamos a hacer?

Pues como decía, con Bruno a cuestas y Hugo muy cansado y quejoso también, decidimos volver al hotel a descansar.

Eloy : Hoy he conseguido no dormirme con Bruno y puedo escribir algo
Viaje en coche “divertido”.
Marta y Bruno han hecho una siesta de dos horas, Hugo también pero paseando, así, que me conozco Costa Teguise como la palma de mi mano.

Después de comer-merendar hemos decidido dedicar la tarde a descansar, a las pequeñas fieras y a la moribunda, tarde de parque, guardería, donde Bruno se lo ha pasado genial, sin entender ni torta, aquí todos hablan alemán.

Cena prontito, 18:30 horario canario, y a descansar, mañana otro largo día.

 

 

 

Los Hervideros, …, Arrecife

Tras la cura de sueño me encuentro mucho mejor, incluso Bruno se ha levantado más tranquilo, ah! Y Hugo se ha levantado el último y también parece que le ha sentado bien. Así que desayuno tranquilo y coche rumbo a Los Hervideros. Son unos acantilados situados justo al lado de El Golfo (estuvimos ayer, lago verde), donde las olas golpean fuertemente sobre las rocas de lava que llegan al mar. No ha sido un día de fuerte oleaje, pero el que había ha sido suficiente para demostrarnos su fuerza.

Es un lugar precioso, el negro de las rocas volcánicas que dibujan los recorridos de lava contrasta con el azul intenso del mar y la espuma blanca, le hemos dedicado parte de la mañana a este rincón de la isla, nos ha gustado mucho. Bruno, mientras tanto, obsesionado con sus piedras, hoy ha aprendido a encontrar olivina, ¿le gustará la geología? Y Hugo, en su mochilita tan ricamente.

Seguimos los acantilados con el coche hasta llegar a Las Salinas del Janubio, que como su nombre indica, fabrican sal, pero no hemos podido ni parar por no incordiar a los peques más, así que nos hemos conformado con una foto desde el coche, ¡que le vamos a hacer!.

Una vez en la otra punta de la isla, decidimos acercarnos a la Playa Papagayo a comer, pero cual es nuestra sorpresa cuando nos hacen pagar por entrar, ¡si tan sólo se trata de una playa con arena dorada!. Así que Eloy, da media vuelta y acabamos comiendo en el paseo marítimo de Playa Blanca, una urbanización turística donde se encuentra la Marina Rubicón. Evidentemente comemos picnic en un banco, je, je, Bruno encantado. Paseito por el lugar y aprovechamos la hora de la siesta de los peques para pasear con el coche por La Geria, famosa zona de vinos. Espectacular paisaje de viñas rodeadas de muros de piedra seca volcánica negra para protegerla del viento, lástima no poder parar en una bodeguita para hacer una cata… Otra vez será.
Tras la siesta, apagamos el motor en la capital, Arrecife, damos una vuelta por el centro y el paseo marítimo y salimos con un mal sabor de boca, no nos ha gustado nada. Una ciudad desierta, descuidada y sin ambiente, suerte que el resto de la isla es precioso para contrarrestar…
Hotelito, Bruno al parque, Hugo a reposar en brazos de su mami, cenita y zzzzzz.

Teguise

Amanece soleado, nos alegramos porque después de varios dias tiñoso y las cuatro gotas de ayer nos apetecía disfrutar de los colores del paisaje con sol. Desayuno glotón, un ratito de parque para satisfacer a Bruno y de paso relajar a Hugo y coche hasta Teguise. Es un pueblecito típico de casas blancas situado muy cerquita del hotel en el interior de la isla, en el que los domingos montan un rastro que suponemos estará plagado de guiris. Bien, pues sólo nos equivocamos en una cosa, en pensar que serian cuatro puestecitos de nada, el mercado ocupa varias calles y plazas del pueblo, es muy grande, nos detenemos básicamente en un rincón de artesanos lanzaroteños, el resto no vale la pena.


Aprovechamos el resto de mañana calurosa para pegarnos un chapuzón en la piscina del hotel, eso sí, Bruno con su camiseta de surfero para protegerlo del sol y del agua fría, está monísimo, je, je. Huguito y papi se quedan repanchingaos a la sombra.
Comidita en un restaurante cercano al hotel recomendado en internet, de tapeo. Probamos los gueldes, pescaitos chiquitines fritos típicos canarios, me vienen unos recuerdos de infancia, mi hermano los untaba en leche! Buenísimos.

Por la tarde, aprovechamos que estamos cerca del hotel para dar un respiro a los peques, que se pegan una buena siesta. Lástima que se nos haya hecho tan tarde, de todas formas intentamos encontrar una calita cerca del hotel para bañarnos sin éxito, situación de stress en el coche, vuelta al hotel que es tarde. Bruno juega un ratín en el arenal con el cubo y la pala, cena, minidisco y zzzzzz!

Haría, Orzola

Ultimo día, último desayuno, último picnic, amanece nublado, muy nublado, estamos todos agotados pero… ¡no nos queremos ir! Que tristeza de día, ¿que nos falta por ver? Decidimos acercarnos de nuevo a Órzola, el extremo norte de la isla, pero esta vez lo haremos por el interior recorriendo Teguise, Haría y Ye, donde se encuentra al Mirador del Río, otra obra de César Manrique que no visitaremos. Los pueblecitos que vamos pasando, todos de casas blancas con ventanas azules o verdes, son preciosos, aunque están algo descuidados y los paisajes son espectaculares. Bruno se ha dormido en el trayecto y Hugo, tras un poco de guerra, también, genial, ¡podemos hacer millas! Lástima que hemos pillado uno de los escasos días al año que llueve y, para más emoción, hay una espesa niebla que no nos permite ver más allá de nuestras narices. Igualmente seguimos con lo previsto hasta llegar a Órzola. Es un pueblecito pesquero desde donde se coge el ferry hacia la isla de La Graciosa situada justo enfrente.

Y mientras esperamos que despeje cogemos un caminito de piedras que nos lleva a una bonita playa dende aprovechamos para hacernos fotos, jugar y correr con Bruno. Regresamos por el mismo camino y esta vez si que podemos disfrutar de las vistas desde la carretera del Mirador del Río a La Graciosa, muy recomendable, lástima no bajar del coche por motivos logísticos, como siempre, ains!

Comemos en un parque en Haría, paseito, después a Arriate, pueblo costero, y de nuevo parque y paseito por la playa y al hotel a preparar las maletas.
Que penita!

Pasamos el resto de tarde en la guarderia con Bruno, Hugo y cientos de juguetes, cena y zzzz! Están agotados y mañana tenemos que madrugar…

Reflexiones: viajar con niños tan pequeños condiciona muchos aspectos del viaje, para empezar, todo lo que verías y no puedes, la organización, la cantidad de equipaje (pañales, toallitas, recambios, jerseys, …), los horarios, su cansancio, nuestro cansancio, ufff! Pero aun así, me ha sorprendido gratamente lo bien que se han adaptado al ritmo, y es que ¡son muy pequeños! Los he disfrutado mucho y creo que Bruno también se lo pasado bien porque no quiere volver a casa. Éste viaje ha sido una primera prueba, hemos roto el sedentarismo vago que arrastrábamos desde hacía tiempo y que no nos atrevíamos a romper, nos ha puesto a cada uno en su lugar, como dice Dora, lo hemos conseguido! We did it!
Aunque he de reconocer que tendré que volver a Lanzarote, pues me queda pendiente hacer una inmersión, contemplar una noche estrellada desde el centro de la isla, más atardeceres, recorrer a fondo La Geria y la cata de vinos y… montar en los camellos del Timanfaya, je, je!

De vuelta a casa

A las 5.30 ha sonado el despertador, que tristeza recoger el equipaje y dejar atrás la isla y con ella, nuestras primeras vacaciones. Las maletas están a punto, los peques han dormido con la ropa que llevarán en el avión, así que, uno en brazos de cada uno y sin despertarlos directos a la sillita del coche, pobres, que carita de desconcertados ponen. Como íbamos con el tiempo justo, no nos hemos dado ni cuenta y ya estábamos en el avión, esta vez, a pesar de volar menos tiempo (2h 30′), el trayecto ha resultado más largo. Bruno no ha querido dormir y Hugo ha echado un par de cabezadillas, estamos agotados. Eso si, muy contentos.
Jandro nos recoge en Bcn puntualísimo, para rematar comemos en Ikea, después siestecita en el coche y… vuelta a casa, muy a nuestro pesar…
Reconfortante cena en casa de los avis y a descansar hasta el siguiente destino.
Hemos de repetirlo cuando sean mayores.

Intenciones

Esta tarde de domingo lluviosa, mientras pensamos en las maletas de nuestra primera escapada en familia, al fin he dedicado un tiempo a este espacio que tantas ganas tenia de empezar. Pienso que va a ser un lugar para dar rienda suelta a la imaginación, para poder escribir lo que nos que apetezca, un rincón donde guardar todo aquello que interesa a nuestra familia, la cocina, fotografía, aventuras, decoración, maternidad, crianza respetuosa y educación …

Y, como no, nuestra guía de viajes, viajes que a partir de ahora vamos a compartir con nuestras remorillas que van a hacernos conocer los lugares a otro ritmo, con mas mimo, curiosidad y mucha paciencia.

Desde sus ojos, la vida se entiende de otra forma y es eso lo que queremos plasmar y compartir con los nuestros. Una especie de diario, una bitácora del viaje que acabamos de emprender los cuatro.

 

Sobre nosotros

Marta

Mujer, madre, geóloga, soñadora, idealista. Me gusta dedicar mi tiempo a los míos, jugar, pasear, charlar, cocinar, nadar, navegar, leer, soñar, fotografiar, …, y a partir de ahora, escribir. Amante de las cosas bellas y sencillas, intento cada día ser felíz.

Eloy

Papá, representa el equilibrio de la familia. Paciente y tranquilo. Apasionado de las nuevas tecnologías, la fotografía y el deporte, corre, nada, va en bicicleta, navega, cocina y juega.

Bruno

Es un pequeño “terremoto” de 25 meses, apasionado, juguetón, inocente, alegre y curioso. Nos enseña cada día a vivir.

Hugo

El pequeñin de 4 meses que poco a poco vamos coociendo que aporta la dulzura y tranquilidad que la familia necesita. Todavia un trocito de mí que mama, duerme, crece y se encanta mirando a su hermano.