Juegos de poder

Ayer decidimos no enfadarnos con Bruno o Hugo en aquellas situaciones en las que lanzan un objeto, tiran las pinzas al suelo, sacan ropa de un armario y la esparcen por toda la casa, desordenan sus juguetes ante tus narices, asegurándose que les ves y, encima, se quedan a la espera de nuestra respuesta. Bien saben que no nos gustará, sin embargo lo hacen y parece, a nuestros ojos, que con una sonrisa burlesca.

La última fue abrir las bolsas de pañales y esparcirlos por el pasillo y no sólo Bruno, también Hugo disfrutaba… Ante tal alboroto decidimos seguirles el juego y nuestra respuesta a su picaresca acción fue un -¡Oh, no! ¡los pañales! ¡todos en el suelo! ¡agh! siguiendoles la broma y haciendo mucho teatro. No tuvimos tiempo de recogerlos cuando todos los pañales volvían a volar por los aires entre risas y carcajadas, y así estuvimos un buen rato…

IMG_2851
IMG_2855

He de reconocer que la hazaña no era grave y tampoco nos encontrábamos en un día de esos con prisas y cansados en los que no puedes permitirte un segundo para jueguecitos, pero esta experiencia ha marcado un antes y un después en nuestra reacción frente a estos “juegos”. ¿Qué hubiera sucedido si hubieramos reaccionado con un grito seco de ¡no tireis los pañales! ¡eso no se hace!. No puedo asegurarlo, pero por mi experiencia probablemente hubieran seguido igualmente y nosotros enfadándonos porque no nos hacen ni puñetero caso, hasta que les hubiéramos retirado los pañales con morros y, muy probablemente, ellos hubieran buscado alguna que otra hazaña nueva que nos disgustara. Todos enfadados y frustrados.

Tras verificar empíricamente que darles la razón y dejarles actuar con libertad funciona, no digo con esto que mañana no lo vuelvan a repetir, ni tampoco que no tengan ningún límite en casa y puedan estropear cualquier objeto, cosa o lugar, pero que nos libramos del enfado y ellos pasaron un buen rato sí; buscamos información sobre qué estaba sucediendo. Es entonces cuando topamos con el libro de Naomi Aldort Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos y, por lo visto, estos comportamientos tienen nombre, se trata de las luchas de poder.

Hemos de empatizar con los más pequeños, entender que se sienten indefensos por el hecho de ser pequeños e inexpertos, que viven en un mundo nuevo y grande donde no pueden tocar, hay lugares a donde no se les deja ir, objetos que no pueden alcanzar, ¡Deben sentirse indefensos! Por lo tanto, parece lógico pensar que tienen la necesidad de sentirse “con poder”. Ellos no están preparados para renunciar a lo que quieren ahora, al contrario que los adultos. Dicho esto, se entiende que necesiten saber que las personas que les rodean se toman sus preferencias en serio inmediatamente.

Palabras textuales del libro citado: “un niño que se enfrenta a la sensación de indefensión o que se ve privado del control de su vida puede volverse furioso, agresivo o deprimido. Aunque no se puede eliminar la sensación de indefensión, se pueden mejorar sus probabilidades de experimentar autonomía y fuerza personal (…) y esto implica hacer algo por ellos, con frecuencia significa quitarse de en medio y procurarles un camino seguro y enriquecedor. Al proporcionarles un entorno físico y social seguro y sano se puede eliminar la necesidad de restringir o dirigir sus vidas. El niño puede elegir y liderar sus actividades, alimentos, horarios e intereses dentro del entorno seguro creado por los padres. Entiendo que en los bebés es fácil acondicionar su entorno físico para que experimenten, pero cuando son más mayores hemos de pasar por alto muchos de nuestros prejuicios vividos.

A quién no le han dicho aquello de “cuando seas padre comerás huevos” o bien “los mayores estamos teniendo una conversación, ¿Porqué no te esperas y nos lo explicas después?” resquicios de nuestra educación que están grabados en nuestra mente. Estamos intentando cambiar aunque eso suponga que los demas piensen que no les estamos “educando” correctamente…

Hasta ahora les he intentado incorporar en mis tareas diarias sin darme cuenta que quizás a ellos no les apetece venir a comprar o ya no es tan divertido tender como lo era antes, quizás se niegan a ponerse los zapatos para salir porque realmente ya están agusto en casa jugando, … Tendremos que tener mas paciencia, intentar descifrar sus necesidades y entonces actuar. Siempre con mucho cariño y delicadeza.

Si sigo pensando en el tema, reconozco que les desautorizo en multitud de ocasiones sin ni siquiera darme cuenta. Ahora entiendo porqué Bruno se pone furioso cuando estamos jugando y suena el teléfono, lo cojo y priorizo la chala con mi amiga a nuestro juego que teníamos a medias, encima le digo: – pero ¿es que no me dejas ni hablar por teléfono? ¡No me dejas hacer nada! Pobrecillo…

En realidad, hemos de tener presente que las acciones del niño no son buenas ni malas, son simplemente expresiones de sus necesidades emocionales o físicas, o bien juego inocente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s