Pequeños placeres

Estos días ha vuelto la rutina a mi vida, tras una largo período de baja maternal y excedencia para cuidar a los míos, el trabajo y los estrictos horarios me han invadido. Durante todo este tiempo aprendí a disfrutar de la vida sin reloj, a fluir según el apetito y sueño de los pequeños de la casa. Aprendí a dormir cuando tenía sueño, a las 21:00 muchas veces, y a madrugar para ver salir el sol porque es el ritmo biológico de Bruno y Hugo, a estar horas en un parque sin hacer nada, simplemente, a estar.

Bueno, todo este rollo puede sonar idílico para quién lo lea, ahora lo estoy mitificando gracias a mi mente selectiva capaz de memorizar lo mejor y desterrar todo aquello desechable como las prisas, las peleas, rabietas, contratiempos, … Insisto, no ha sido una etapa fácil, fué duro quedarme con los dos, con sus necesidades específicas y descordinadas, eso no voy a negarlo. El subir hasta casa por las escaleras con uno en cada brazo, la compra, su mochilita y las llaves en la boca no ha sido fácil, pero a pesar de todo, tengo muy buen recuerdo, lo repetiría y lo echo de menos.

Ahora, con tanto horario y coordinación me siento atrapada, empiezo a sentir una especie de agobio que me ahoga, debo tener claustrofobia horaria o algo así. Aunque aparentemente me siento bien tranquila, creo que se me están tensando los músculos de la espalda, me empieza a doler… qué curioso que empiece a enfermar justo ahora, ¿será que mi cuerpo se resiente?

Así que, como válvula de escape a mi revelión interna, me he puesto a pensar y a valorar qué es aquello que más felicidad me provoca. Me he puesto a soñar. Y es que la felicidad es un estado mental que sucede cuando estas en paz contigo misma, tranquila y sin miedos. Y resulta que, fuera tópicos, se puede encontrar en lo más sencillo, no está sólo en aquel viaje a Vietnam o en Australia, que también se encuentra, porqué negarlo, está en los pequeños placeres, y éstas son aquellas situaciones que ahora se me ocurren desde mi nube, aunque creo que podría enunciar muchas otras:

  1. Despertarme dulcemente por la mañana rodeada de mis “tres” niños. Mientras, medio dormida, me tumbo boca arriba acompañada del ritmo de sus respiraciones, con un piececillo clavado en la costilla y bien agarraita a una de sus manos… Esperando, tranquila, a que ellos despierten.
  2. Un completo desayuno, relajado y en buena compañía. Con su zumito, avena, tostadas de buen pan, pancakes, aceite de oliva virgen extra, miel, mermeladas caseras de frutas, surtido de fruta fresca, café o té con leche de vaca o vegetal y todo el tiempo del mundo…
  3. Una copita de vino blanco de más mientras cenamos un pescadito fresco en algún pequeño paraiso junto al mar una noche de verano.
  4. Las carcajadas de los peques cuando están disfrutando. Se ríen de corazón, son sinceros, son felices y eso me encanta.
  5. Cuando corriendo, paseando o en bicicleta, lejos de casa, nos pilla un chaparrón y nos empapa. Se oyen gritos de emoción. Después, ducha calentita. Si es invierno, imprescindible unos buenos calcetines de lana para estar por casa.
  6. Jugar con el mar a coger unas olillas y tras el chapuzón de agua fría, relajarme estirada sobre la arena cual lagarto recuperando temperatura. Prohibido pensar en nada que no sea el picor en la nariz por la sal.
  7. El cansancio físico tras un entreno de natación, una vía ferrata o una subida de adrenalina mientras navegas con fuerte viento de ceñida y el barco muy escorado. Lo echo de menos…
  8. Yoga. Tadasana tras un esfuerzo, me encanta ese estar presente. Tanto como una profunda y lenta exalación en los últimos segundos de savásana antes de abrir los ojos.
  9. Un fuerte abrazo cuando lo necesito.
  10. Los sonidos del mar en calma de noche, cuando, navegando no vemos tierra y sólo nos ilumina la luna y su reflejo en el agua. Paz.

Que bien poder sentirme felíz, ¡doy las gracias por ello!

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Yoga

Acabo de cambiarme de academia de yoga con mucha penica, más que por el centro donde había aprendido todo lo que se, por la profesora que me lo enseñó, Francesca. Una persona paciente y serena, que con sólo su mirada transmite paz. Echaré de menos sus clases, las charlas y los mini momentos de meditación. Por diversos motivos empiezo una nueva etapa de yoga, esta vez según el método iyengar, seguro seguiré aprendiendo.

Dejo este divertido vídeo de un anuncio de pañales:

El maestro “yogui” es clavadito a Hugo, cualquier día paso de las clases y me quedo en casa aprendiendo de él, jejeje!

Bicicletada popular

Nunca pensé que me inscribiría a una bicicletada popular y he de reconocer que no sólo hicimos todo el recorrido, acompañados de otros 8.000 ciclomaníacos, sino que me lo pasé estupendamente. Descarto aquellos momentos en los que se estrechaba el recorrido y se formaban auténticos embudos de humanos y ruedas o cuando una “dominguera” chocó contra mi rueda trasera y, por suerte, Bruno ni se enteró y aquellas pandillas de chavales que con aires chulescos adelantaban sin respeto alguno. Pero en general fue una mañana divertida creo que para los cuatro, Hugo y Bruno miraban asombrados tanta bicis…

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Aprovecho para reivindicar el uso de un transporte ecológico en todos los sentidos, en la protección del medio ambiente obviamente y en la salud de quienes la usan, que en ciudades cómo ésta uno fortalece sus piernas rapidísimo. Es una lástima que no se adapte la trama urbana, cada vez somos más los que circulamos en bici, y lo hacemos cómo podemos, entre la acera y la calzada, respirando el tubo de escape del coche de delante, sorteando peatones y soportando sus críticas, esperando encontrar la bici de nuevo tras atarla a una farola, … Una lástima…

Día de monas

Lunes de pascua, a comer la mona al campo. Quedamos con los amigotes para ir a la Ermita del Remei pero tuvimos que cambiar un poco los planes porque al llegar, a media mañana, había hasta urbanos organizando el tráfico, ¡increíble! Así que buscamos cerca un huequecito donde dejar los coches y rodearnos de bosque para hacer el picnic dominguero en toda regla. Encontramos un buen rinconcito, lástima que descubriéramos, justo antes de irnos, que detrás de donde aparcamos había una enorme mesa merendero con toldito incluido, ¡vacía!, seremos tontos… En fin, el suelo le dió más glamour al asunto…

He de describir la comida porque no estuvo nada mal, teníamos macarrones con atún, palitos de pollo rebozado con sus pimientos asados a la leña, ensaladilla rusa y tortilla de calabacín, no se si me dejo algo… ¡Ah! ¡la mona! nos zampamos la mona de la tía Ana y, además, Paqui hizo unas mini monitas para cada peque, con su envoltorio de celofán amarillo y huevitos de chocolate y pluma para chuparse los dedos. Se me abre el apetito…

Ahí van las fotos del día:

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Y éstas son las monas que recibió Bruno de sus padrinos:

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Ana le preparó el bizcocho cubierto de chocolate y Jandro le trajo el pastel de crema con huevo de chocolate, ¡menudo atracón! Un día es un día.

Con los primos

Al fin los cuatro primos juntos haciendo el gamberro en la arena. Bruno y Eloy han hecho un hoyo enorme en la arena dónde se han enterrado, han jugado con el cubo y la pala, han pintado con carbón, se han ido de excursión y han deslomado a Eloy papi montandolo como si fuera un caballo. Mientras, Sergio y Hugo merodeaban por los alrededores, curiosos, menudo palizón de gatear sobre las dunas de arena, y qué dura digestión tras la arena comida.

Y los demás, hemos pasado un buen día charlando sobre lo único que nos ocupa nuestras cabezas, los peques y su crianza, ¡qué aburridos somos! Hasta que la lluvia nos ha dejado… Ha sido un buen día.

Me gustó ver que Eloy y Bruno disfrutaron juntos, ¡tendremos que repetirlo!

Estas son las pruebas:

Primos1

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Preparados para plantar

¡ Ya ha llegado la primavera! el sol ilumina los campos, las flores despiertan tras el letargo hivernal, desprenden su aroma y muestran orgullosas sus colores, nuestro ciclo vital también se activa, nos cuesta más irnos a dormir, queremos disfrutar del aire libre, se acabó la época de recogimiento.

Empecemos entonces nuestro humilde proyecto de huerto urbano, si es que se puede llamar así, ya que sólo pretendemos mostrarle a Bruno que los tomates no los fabrica nuestra amiga del mercadillo ecológico, sino que crecen solitos. Sólo un poco de tierra bien nutrida, sol, agua y unos mimitos harán que broten unos jugosos tomates que podremos disfrutar en la mesa. Y eso es lo que les queremos enseñar.

Huerto1

Plantaremos tomates, fresas, plantas aromáticas como tomillo, albahaca, perejil, flores como geranios y también quiero un buen jazmín que perfume las noches de verano. Expondremos el resultado más adelante…

Este es el inicio:
Huerto2