Mis hijos son los mejores ¿Y porqué no?

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Asistí a una corta charla sobre PNL en los niños y aquí dejo un resumen de lo más importante que se comentó:

Empezó la charla con un ejemplo didáctico y muy común. Entremos en situación, llegamos a casa una tarde sobre las siete, agotados de la larga jornada de trabajo, hemos tenido un mal dia que llega al fin acaba, pero lo hacemos cargados con la compra y pensando que todavía tenemos que poner una lavadora, preparar la cena y limpiar el cuarto de baño, buff! Al abrir la puerta está esperandonos nuestra nena imitando a sus cantantes favoritas con un micrófono en la mano, canta fatal, sus gorgoritos y movimientos nos ponen todavía de peor humor y nuestra frase, antes de tan siquiera saludarla es:

-Buff, con el dia que llevo hoy… ¡menudo dolor de cabeza tengo!

Ahora, adoptemos el papel de la hija, ¿cómo se debe sentir al interpretar las palabras de su madre que le duele la cabeza por culpa suya?

Será normal que los niños se hagan una coraza hacia nosotros, se cierren en banda cortando así cualquier canal de comunicación? A esta coraza la podríamos llamar el abrigo antipadres, común en muchos niños.

Llamadme exagerada tal vez, pero opino que hay que cuidar las palabras que usamos y la forma en las que las usamos.

El objetivo de esta charla es pues, el intentar hablar en positivo.

Y continua así:

¿Qué valores creéis que tendrán vuestros hijos?

¿Cómo se sentirán a nivel afectivo, se sentirán queridos?

¿Qué creerán?

Pues creerán lo que pensemos de ellos, por lo tanto, si no pensamos que son los mejores, ellos tampoco lo harán. Así que, nos proponen repetir uno a uno:

MIS NIÑOS SON LOS MEJORES

Y lo cierto, es que no somos capaces de expresar esta afirmación en público por diferentes motivos, unos porque realmente no es lo que opinan, ven a sus hijos objetivamente y consideran sus defectos, por lo que les es imposible afirmar que son los mejores, cosa que nos corrigen haciéndonos ver a nuestros hijos en su totalidad, es decir, no son los mejores haciendo ganchillo tal vez, pero si son los mejores hijos que puedo tener, son los míos y los que más quiero, o es que acaso alguien piensa diferente? Y el segundo motivo es que no nos atrevemos abiertamente a expresar nuestros sentimientos en público, parece que está mal visto publicar cuánto quieres a tu hijo y lo que piensas de él, como que es el mejor, porque ¿qué pensaran de mi? Hemos de liberarnos de esta modestia que nos han impuesto desde pequeños, no hay ningún problema en expresarnos libremente. ¡Liberémonos pues de de ese peso!

Continuo dándole vueltas a la misma frase y me doy cuenta de que yo tengo otro motivo por el que no decirla en público abiertamente o por la que yo no se la repito a mi hijo tal y como nos aconsejan y es que,  si le hago creer que es el mejor y resulta, que entra en clase y su compañero tiene más maña dibujando o que en el patio corre más rápido que él, ¿no se sentirá confundido y a la vez, forzado a ser el mejor en todo en lugar de aceptar y entender que cada uno tiene sus habilidades concretas? ¿no estaré creando un perfeccionista en potencia?

Para quién se le haya ocurrido esta misma pregunta lamento comunicarle que todavía no tengo una respuesta clara, me contestaron que el tema de las expectativas lo dejábamos para otro día. Así que si alguien me lo quiere aclarar, soy toda oídos.

Es cierto que está mal visto el hablar en positivo, nos resulta extraño, voy a dar unos ejemplos claros en los que trabajamos:

Decimos, por ejemplo:

– Tu comportamiento no es malo (en lugar de es bueno)

– No está nada mal tu conjunto (demonios, y si no está nada mal, porque no decimos que está muy bien, que es bonito)

– No es un mal negocio (entonces será bueno, digo yo)

– No estoy descontento con tus notas

– ¿Verdad que no te importa llevar esta carta antes de las siete? (probablemente nos contestaran que no les importa, ahora bien, otra cosa es que la lleven, ¡hablemos claro!)

– No dejes la mochila ahí (concretemos… ¿porque suponemos que sabe exactamente donde hay que dejarla?)

La palabra NO, no sirve, no existe. Y, aunque había leído al respecto no lo creía hasta que me propusieron lo siguiente:

Cierra los ojos y cuando los tengas cerrados No pienses en un vaso azul, sobre todo, no pienses en un vaso azul, ¡eh! No, vaso azul, no. No pienses en un vaso azul.

Resultado: ¿Imaginaste el vaso azul?

Conclusión: Omitimos el No y hacemos caso a lo que le precede, exactamente lo contrario a lo esperado.

Y otro ejemplo, – Puedes jugar en el jardín pero no te acerques al pozo. ¿Pozo? ¡que emocionante! Crece el interés por todo lo que viene detrás del no, ¿cierto?.

Por lo tanto, mejor evitarlo. Y hablando de evitar, hay otras muchas palabras con las que hemos de tener cuidado por sus connotaciones negativas, como pero.

Nos proponen colgar en un lugar visible, que no sea la nevera porque se congelan las ideas (cada cual con sus manías), el siguiente semáforo de palabras a usar y evitar:

Y como coletilla final:

No debemos suponer nunca nada

Y tampoco debemos esperar a que nos valoren porque, ¿recordáis cuando fue la primera vez que os disteis cuenta de todo lo que nuestros padres han hecho por nosotros? Yo, personalmente creo que empecé a verlo cuando nació mi primer hijo, así que, para que esperar de ellos nada. Quién espera desespera. De momento, liberémonos de esa carga y disfrutemos de ellos, algún día llegará.

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