Quisiera dividirme, pero no puedo

Hace mucho frío, ayer cayeron cuatro copos de nieve pero hoy, el mestral y norte ha despejado las nubes que nos cubrían y hace un frío de mil demonios, siberiano que le llaman en la tele. Así que poco apetece pasar la mañana en el parque o deambuleando por las calles hasta que se acerque la hora del Arguiñano, preparar la comida, poner la mesa, comer y jugar. Vaya, que mal dia se presenta! Mi mayor preocupación no es Bruno, ni tampoco Hugo, el problema es la incompatibilidad de tareas con los dos, me explico: me despierto con los dos en la cama, uno a cada lado, pienso en lo afortunada que soy de tenerlos allí, acurrucaditos, calentitos, descansados, me siento felíz y, de repente, uno grita, otro llora o pide el desayuno y, consecuentemente despierta al otro, aquí empieza el trepidante ritmo de la mañana. Evaluo la estrategia, ¿a cual de los dos saco primero de la cama? Si es Bruno, Hugo llorará desconsoladamente porque no me verá, y si saco primero a Hugo, Bruno, que bien podría salir solito, se pone mimoso y necesita que lo saque aupi, ufff! Puede parecer una tontería pero para mí es el primer dilema del día. Si salimos de ésta airosos seguro que enseguida tienen otras grandes necesidades por cubrir los dos al mismo tiempo, vamos, que ojalá pudiera dividirme. Así podría darle tetita a Hugo mientras juego a hacer carreras por el pasillo con Bruno, pero eso, muy a mi pesar es imposible.

Lo del frío siberiano venía porque me he tenido que quedar toda la mañana en casa ya que, una vez en la calle, medio tiritando, Bruno no hacía más que pedirme volver, y eso hemos hecho.

Una vez en casa, me he dado cuenta de lo mal que lo debe pasar viéndome siempre con Hugo en brazos, de que sus comportamientos que no nos gustan, me refiero a los momentos en los que lanza las cosas o pega, tienen siempre una finalidad clara, llamar mi atención. Por ese motivo pienso que no le debo culpar por lo que hace a veces, que no es más que el fruto de lo que siente y no puede evitar, ni siquiera sabe que le ocurre, más bien he de ayudarle a entenderse, a expresar qué es lo que siente y así dominar esos impulsos y lo más importante, apoyarle. Todos necesitamos empatía de las personas que nos quieren.

A pesar de la difícil logística de cuidar a los dos, me las ingenio como mejor puedo, sólo espero poder llegar sin crear conflictos. Los celos son algo normal, instintivo y necesario, sólo es cuestión de tiempo, de que entiendan que por el hecho de ser dos no les voy a querer la mitad y para ello me propongo dedicarles más tiempo en exclusiva a cada uno.

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Canción de cuna de los elefantes

A Bruno le encanta cuando su abuelita le cuenta este poema con Mambo, su elefante, el caso es que yo recuerdo cómo me lo contaba la mía…

CANCIÓN DE CUNA DE LOS ELEFANTES

El elefante lloraba
porque no quería dormir…
– Duerme, elefantito mío,
que la luna te va a oir…

– Papá elefante está cerca,
se oye en el manglar mugir;
duerme, elefantito mío,
que la luna te va a oir…

El elefante lloraba
(¡con un aire de infeliz!)
y alzaba la trompa al viento…
Parecía que en la luna
se limpiaba la nariz…

Adriano del Valle. Poeta español, generación del 27

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